Mitología Selk’nam

La Mitologia del Pueblo Selk'nam

Los Selk’nam (también conocidos como los Ona) habitaban la isla más grande del archipiélago de Tierra del Fuego, la Isla Grande. La población de los selk’nam y sus vecinos los haush (Mánekenka), que vivían en el extremo sureste de la isla y tenían una cultura similar, fue estimada por Martin Gusinde (1931) en aproximadamente cuatro mil en 1880. Durante las últimas décadas del siglo XIX, la mayoría de los indios fueron masacrados por los colonizadores blancos o murieron de enfermedades traídas por ellos.

La mitología del pueblo Selk’nam

No es de extrañar que la mitología Selk’nam y Haush hable del origen de la humanidad,  la cual su fuente es Pémaulk, o Temáukel, a quien se le identifica como un ser supremo. A diferencia del Dios de la tradición judeo-cristiana, Temáukel es un concepto abstracto. Aunque Temáukel es la fuente de todo lo que existe, no es una deidad antropomórfica, y por lo tanto no es asociado con aspiraciones, sentimientos y otros aspectos humanos.

Algunos de los personajes más importantes de esta mitología tradicional, son los antepasados pre-humanos (howenh o hóowin); estos seres inmortales sobrehumanos se transformaron posteriormente en elementos de la naturaleza. La luna, era vista como una poderosa chamán y líder indiscutible de un matriarcado, es la figura dominante de la época prehumana; sobrevive como la luna actual y símbolo de la amenaza femenina a la dominación masculina de la sociedad.

Mito de la creación Selk’nam 

Según la mitología selk’nam, todas las formas de la naturaleza, los fenómenos atmosféricos, los elementos del cielo y los animales, fueron seres humanos, transformados en montañas, ríos, animales, etc.

Temáukel es el ser supremo, que existe desde el inicio de la vida misma, el gran dios desde antes de la existencia de la Tierra. Temáukel envió a Kénos su hijo (el primero de los howenh en pisar la tierra), para que construyera el mundo y sus organismos. Kénos creó las montañas, los ríos y los cielos. Como no había mucha luz, Kénos creó Kreeh y Kren (o Krren y Kra), la Luna y el Sol, y le pidió al Sol que iluminara el cielo al mediodía y se fuera por la tarde para ser reemplazado por la Luna. El cielo estaba muy cerca de la Tierra, así que Kénos lo empujó hacia arriba.

Kénos agarró un haruwenthos (un puño de turba), le exprimió el agua y la plantó de nuevo formando un Sees (genital masculino). Más tarde, tomó otro trozo de tierra y  formó el Asken (genital femenino) y lo dejó allí. En cada puesta de sol, Sees y Asken se unían y procreaban a un ser humano. Los humanos crecerían y se multiplicarían. Después de poco tiempo, la tierra estaba poblada.

Kénos enseñó su lengua a los primeros selk’nam, envejeció e intentó entrar en un sueño de metamorfosis, es decir, un “sueño-muerte” del que despertaría renovado y joven. Al no tener éxito, Kénos, junto con otros tres antepasados que siempre estaban a su lado, comenzó una caminata hacia el norte. Cuando se cansaron de caminar, se detuvieron y pidieron a otros howenh que los cubrieran dentro de sus capas y los enterraran.

Kénos y los otros tres howenh permanecieron en el “sueño-muerte” durante mucho tiempo y cuando despertaron, volvieron a ser jóvenes. Cuando el resto de los selk’nam noto lo sucedido, hicieron lo mismo. En ocasiones los selk’nam no despertarían de esta metamorfosis, sino que se transformarían en colinas, animales, ríos, y demás naturaleza.

Cuando finalmente Kénos regreso al cielo, todos los que se habían quedado con él poblaron el cielo como estrellas, dejando bajo ellos una tierra ya construida.

La luna Selk’nam

La luna, llamada Kreeh, era una chamán howenh que lideraba la sociedad junto a las mujeres, teniendo a los hombres como los encargados de criar los niños, la caza, cocina, el mantenimiento de las chozas y demás quehaceres. Luego de una rebelión de los hombres en la que morirían muchas mujeres, la luna fue derrocada.

La luna no perdonaba a los hombres por provocar su caída y la destrucción el matriarcado sobre el que reinaba como la todopoderosa matrona. Incluso en el siglo XIX, cuando la luna entró en un eclipse, los hombres estaban cautelosos, asustados e incluso llenos de angustia. El tinte rojizo de la luna se interpretaba como la sangre de los hombres que iban a morir en las batallas venideras y cuyas muertes eran parte de su venganza.

Se pensaba que los chamanes sabían por medio de sus sueños cuándo iba a ocurrir tal eclipse. Los espíritus (wáiuwen) de los chamanes se elevaban a los cielos para visitarla y descubrir sobre quién iba a caer su ira. Los chamanes varones corrían un peligro especial de ser “capturados por la Luna”, pues consideraba que ellos eran la causa de su desgracia.

Durante un eclipse, la gente que vivía cerca se reunía para apaciguar la ira de la luna. Si no había ningún chamán en el campamento durante un eclipse, la gente apagaba el fuego en sus viviendas y simplemente se acurrucaba bajo sus capas de piel de guanaco hasta que pasaba el peligro, permaneciendo en silencio o hablando sólo con susurros. Cuando un chamán estaba presente les ordenaba apagar cualquier fuego y se reunieran a su alrededor. El chamán dibujaba un círculo rojo con pintura en cada mejilla para representar la luna. También se colocaba un tocado especial hecho de plumas de halcón.

Las mujeres pintaban sus cuerpos de rojo y dibujaban una raya blanca en sus rostros de oreja a oreja, debajo de la nariz. Estas mujeres hacían movimientos de barrido hacia la luna con palos largos o con sus capas de piel guanaco para ahuyentar el eclipse, mientras cantaban para apaciguar a la luna.

El chamán cantaba para preparar su espíritu para volar hasta el santuario de la Luna, imitando el llamado de un halcón que vuela alto en el cielo. Mientras su espíritu se elevaba, cantaba repetidamente: “Vayamos a la Hija del Cielo”. La luna esperaba la llegada de los espíritus de los chamanes. Si ella despreciaba a un chamán, su espíritu sería arrastrado a su sombra, bajo sus rodillas, y el chamán en la tierra sería condenado a perecer en un combate que se acercaba. Lamentaría su destino, cantando: “La luna tiene mi tocado bajo sus rodillas”. En protesta, las mujeres la insultarían, cantando, “Cara quemada por la luna. Cara de luna llena de rabia”.

Dioses Selk’nam: los dioses onas

Temáukel: Es el principal dios de la mitología selk’nam. Es un ser que nadie creó, que no tiene principio ni fin, siempre estuvo y estará. Muchas veces se habla de Temáukel como el único dios de esta mitología y todas las demás deidades como dioses menores, o semidioses, inclusive a veces como solo ancestros míticos. Algunos selk’nam después de la colonización, consideraban a Temáukel un dios equivalente al dios del cristianismo, mas no el mismo, es decir, ambos existían y se parecían; pero eran seres distintos.

Howenh: Los antepasados míticos de los selk’nam, los primeros en poblar la tierra. Estos no son considerados como dioses propiamente por el pueblo selk’nam, pese a ser responsables de la creación.

Kénos: El primer howenh en poblar la tierra. Considerado el dios de la creación y una de las deidades mas importantes, solo estando por encima de el Temáukel, muchas veces refiriéndose a Kénos como el hijo de este.

Kreeh: A veces llamada Kre, Krah o Kra. Era considerada una deidad femenina representada por la luna o la encarnación de esta. Se creía que la sociedad selknam estaba en principio regida por las mujeres, lideradas por Kreeh en una especie de matriarcado.

Kren: También llamado Kran o Krren, es el howenh que representaba al sol. Kren el sol, y Kreeh la luna, se alternaban uno con el otro, en una persecución que daba origen al día y la noche.

Xalpen: Es la diosa del inframundo, ella solo existe en el marco del Hain o kloketen, una ceremonia de iniciación para las mujeres selknam. Descrita como un ser lleno de ira y terrorífico.

Čénuke: Cénuke, Es otro howenh relevante, siendo el sucesor de Kénos y encargado de despertar a los howenh del sueño de metamorfosis. Se menciona como un ser malvado y violento pese a su labor de resurrección.

Kwányip: También llamado Kuanip. Es considerado por los selknam como el responsable de la equidad del día y la noche, procurando que la noche no fuera corta. También es el responsable del origen de la muerte, al evitar que su hermano reviviera del sueño-muerte, siendo este el primer howenh en morir.

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